A principio pensé que se trataba de una broma. Más tarde me incliné por el error. Y, finalmente, mi estupefacción ha devenido en indignación. ¡No es posible que el Comité Olímpico Español le haya encargado la equipación de nuestros deportistas a una empresa rusa!
El presidente del Comité Olímpico Español (COE), Alejandro Blanco, presentó el pasado martes, día 2 de mayo, la ropa que lucirá el equipo olímpico español en los juegos de Londres 2012. La equipación ha sido diseñada por una empresa rusa, Bosco Sport. Esta firma forma parte del grupo Bosco di Ciliegi, que inició su andadura en 1991 y se ha convertido en uno de los grupos de distribución de moda destacados en Rusia. La empresa cuenta con una red de más de 100 tiendas (Inditex sólo tiene 5.527 estalecimientos en 82 mercados), en las comercializa tanto marcas propias (Bosco Donna, Bosco Uomo, Bosco Bambino, Bosco? y Bosco Scarpa) como ajenas.
La dramática cifra de desempleados alcanzada durante el primer trimestre de 2012 ha vuelto a situar a España bajo el foco de los grandes medios de comunicación internacionales. Como norma general, sólo somos noticia de primera página de los diarios anglosajones cuando nos situamos, a su juicio, al borde del abismo. Sólo la polémica generada en torno al accidente del Rey Juan Carlos I cuando cazaba elefantes en Bostwana logró desviar la atención de la prensa internacional de nuestra maltrecha economía. ¡Menudo consuelo!
La crisis dejará una huella profunda en nuestras vidas tanto si somos mordidos por la depresión como si tenemos la suerte de observar sus fauces lejos de las dentelladas. Pero no toda su herencia será negativa. Este tiempo de angustia también nos dejará algunas enseñanzas útiles para afrontar mejor preparados el próximo ciclo bajista. Entre ellas destaca una nueva forma de entender el trabajo.
Uno de los objetivos vitales de nuestros padres era conseguir un puesto de trabajo en una empresa grande. Nuestra generación ha preferido, como norma general, buscar en cada momento la empresa que mejor valorase nuestras capacidades. Es decir, nosotros hemos pasado de la búsqueda de un empleo a la ‘empleabilidad’. Nuestros hijos, sin embargo, tendrán que encontrar clientes que estén dispuestos a pagar por sus conocimientos, habilidades y los resultados de las mismas, sin pensar en un puesto de trabajo o en un empleo tal y como lo hemos entendido hasta hoy.
Durante muchos años el enorme prestigio atesorado por el Rey por su proceder en el 23F y el comportamiento de la Familia Real como una familia casi real han operado como un escudo reputacional frente el empuje del republicanismo, una fórmula de organización del Estado que navega con el viento a favor de los tiempos. Sin embargo, los últimos episodios que tienen como protagonistas a distintos miembros de la Familia Real han recortado sustancialmente la reputación de La Corona y de sus representantes y resultan una amenaza para la continuidad de la institución a medio y largo plazo.
La conducta «no ejemplar» de Iñaki Urdangarín es, sin duda, la circunstancia más grave para la percepción que los españoles tenemos de la Casa Real. A ella se ha sumado recientemente el accidente de Felipe Juan Froilán, amplificado con humor en las redes sociales, y la reciente intervención quirúrgica a la que se ha visto sometido el monarca tras una «caída accidental» en un viaje privado a Bostwana, donde muy probablemente practicó su deporte favorito: la caza mayor.
Es curioso comprobar que la perseverancia de la estupidez es una constante en las reflexiones que sobre la condición humana han realizado algunos de los más brillantes pensadores de nuestra historia. «Contra la estupidez hasta los dioses luchan en vano«, aseguraba el poeta y dramaturgo Johann Wolgang Goethe. «La estupidez insiste siempre«, decía Albert Camus, mientras que Albert Einstein abundaba en ella al afirmar que «hay dos cosas infinitas; el universo y la esupidez humana. Y del universo no estoy seguro«.
Goethe, Camus, Einstein y el común los mortales se hartarían hoy de tanta estupidez. La dosis de sandez a la que estamos sometidos es de tal calibre que el oficio de hacerse el tonto, de gran mérito social en otros tiempos, está en franco retroceso. Entre tanta estulticia, pasar por idiota no reportaría grandes beneficios porque sería como pretender vender agua al lado de una fuente pública.
El Gobierno de Mariano Rajoy acaba de cumplir sus primeros 100 días. Sometida al escrutinio de los mercados externo (financiero) e interno (la opinión publicada), no son pocos los observadores que aprecian errores de comunicación en la acción ejecutiva del presidente pontevedrés. A mi juicio, como las meigas, haberlos haylos , pero no sería justo ni profesional despachar con una mera frase o un simple adjetivo la política de comunicación de un gobierno apenas tres meses después de su toma de posesión y con cuatro años de legislatura por delante, máxime si la coyuntura en la que se desenvuelve es la más complicada que hayan vivido jamás al menos las últimas dos generaciones de españoles.
Las buenas historias son aquéllas cuyos protagonistas se distinguen por sus valores, los acreditan con sus acciones y son capaces de provocar emociones en la audiencia con su relato. El cine suele añadir a estos ingredientes un final feliz, merecida recompensa para unos personajes que, salvo en las comedias desenfadadas, padecen sufrimiento para alcanzar sus objetivos, aunque en ocasiones sea el propio espectador quien amerite premio por su paciencia ante tanta futilidad e intrascendencia.
El piloto español Dani Pedrosa fue detenido el pasado sábado, junto a otras 20 personas, por una supuesta trama fraudalenta en los exámenes para obtener títulos náuticos. Pedrosa fue sorprendido in fraganti cuando realizada el exámen con un ‘pinganillo’ por el que recibía las respuestas a las preguntas planteadas en un cuestionario.
En menos de 48 horas el piloto español envió un comunicado a través de su abogado a Europa Press, en el que admite su error, ofrece sus disculpas y reconoce haber aprendido la lección. «Siguiendo un mal consejo he cometido un error», afirma textualmente en la nota remitida a la agencia de noticias.

Valla que anuncia un bote de 290 millones de dólares que estaba en juego el pasado día 24 de marzo en Estados Unidos. El boleto costaba un dólar.
¿Quién no ha pensado en alguna ocasión en qué haría si le tocase la lotería? No es fácil sustraerse a tal ejercicio de ensueño cuando te cruzas con una valla publicitaria en la autopista que une Manhattan con el aeropuerto John F. Kennedy que anuncia un bote de ¡290 millones de dólares!, incluso aunque Diego, el conductor colombiano que me acompaña, matice: «Pero el fisco se lleva el 30%».
Yo he dejado volar la imaginación y he aquí el resultado:

Tras cuatro horas de trekking, dos de ellas bajo la lluvia, el macizo del Paine nos ‘regaló’ apenas 15 segundos sin nubes, suficientes para descubir la torre central del Paine.
En un mundo hiperconectado resulta difícil en ocasiones enfrentarse en soledad a las dudas que anidan en nosotros mismos. Es demasiado fácil acudir a la consulta o al consejo del otro, incluso automedicarse vía Internet. Sin embargo, las reflexiones más profundas son aquellas que se cuecen lentamente en el subconsciente, se hornean en el consciente y se sirven en el plato de la amistad tras un largo periodo de preparación sin más ayuda que la del otro yo.
La montaña ofrece esa oportunidad. Una semana de trekking en Torres del Paine (www.parquetorresdelpaine.cl) y en El Chaltén (www.elchalten.com) me han permitido asentar algunas reflexiones acerca de la vida personal y profesional al amparo de las enseñanzas que te brinda la montaña. He aquí su síntesis: Seguir Leyendo






