24Mar
2012
Escrito a las 3:17 pm

Valla que anuncia un bote de 290 millones de dólares que estaba en juego el pasado día 24 de marzo en Estados Unidos. El boleto costaba un dólar.

 

¿Quién no ha pensado en alguna ocasión en qué haría si le tocase la lotería? No es fácil sustraerse a tal ejercicio de ensueño cuando te cruzas con una valla publicitaria en la autopista que une Manhattan con el aeropuerto John F. Kennedy que anuncia un bote de ¡290 millones de dólares!, incluso aunque Diego, el conductor colombiano que me acompaña, matice: “Pero el fisco se lleva el 30%”.

Yo he dejado volar la imaginación y he aquí el resultado:

Cuando era pequeño -aún lo soy desde muchos puntos de vista-  me regalaron un libro que enumeraba las maravillas del mundo. No recuerdo si eran las maravillas del mundo antiguo, la que las naturaleza nos ha regalado o el compendio de ambas. Lo cierto es que soñaba despierto con visitar aquéllas obras y parajes extraordinarios, con dos excepciones que consideraba imposibles: las cataratas de Igüazú y el cañon del Colorado.

Imaginaba las primeras mucho más escondidas en una selva impenetrable, lejos del alcance de la civilización. Y, sin embargo, las cataratas en las cuales Argentina pone el agua, Brasil las mejores vistas y Paraguay se lleva una parte importante de la producción eléctrica que se genera río arriba, están a una hora y media en avión desde Buenos Aires. Casi aterrizas dentro del parque natural que las protege. Hace seis años logré visitarlas y maravillarme con el espectáculo de 103 saltos de agua que vaporizan las emociones.

El cañón del Colorado, que como su nombre indica está en Arizona, se me resiste aún. Por el camino han caído las pirámides de Egipto, el monte Everest, el salto del Angel, La Alhambra, la torre Eiffel, el canal de Panamá, el Big Ben y el Parlamento británico, el glaciar Perito Moreno, los museos vaticanos, la Acrópolis, el templo del Buda esmeralda, Machu Pichu, el Empire State Building, el Kilimanjaro, Jerusalén, el Mar Muerto, Petra y muchas otras maravillas que la suerte de la curiosidad ha traído a mi vida afortunada.

Así pues, si resultase agraciado con un premio como el que se sorteó este sábado en Estados Unidos, incluso uno bastante menor, haría la maleta, le diría a mi mujer que cogiese una más grande para ella, como de costumbre, y pondríamos rumbo al Colorado. Lo bajaría en lancha neumática, en helicóptero, andando, lo subiría en trekking, lo rodearía, lo absorbería con el alma desde el mirador de cristal que se eleva 1.200 metros sobre el cauce.

Satisfecho mi primer sueño americano,conduciría un Ford Mustang desde Los  Ángeles hasta el parque Yellowstone para descubrir el paraje por el que deambulaba en busca de cestas de comida el oso Yogui y su compañero Bubu (éste último era mi apodo en el colegio mayor). Desde Wyoming volaría a Alaska, para posteriormente desplazarme hasta Canadá y cruzar en tren el país de costa a costa en el transcanadiense. Desde Montreal descendería geográficamente a Nueva York, previa escala en las cataratas del Niágara, por mucho que esté sobre aviso ante el baño comercial que las moja. La parada de shopping en la Gran Manzana resultaría imprescindible para convencer a mi compañera de que siguiese camino en un largo perioplo por el mundo que incluyese el Tag Mahal, la gran muralla china, la plaza de Tiananmen, Nueva Zelanda, Akasico (la montaña sagrada de los maoríes), la opera de Sidney, Bali y Jerusalén de nuevo.

Estoy convencido de que todo el dinero de la lotería no le impediría buscar las mejores gangas en los outlets de las afueras de Nueva York. Porque una mujer crecida en la austeridad no se realiza comprando, sino comprando bien por mucho dinero que repentinamente tenga.

Habríamos de descansar un par de semanas en un lujosísimo resort de Los Roques (Venezuela), la polinesia o Seychelles para comenzar a volver a Madrid. Como soñar despierto es la mejor manera de no llevarse un gran chasco al despertar, he trabajado con la hipótesis de que mi esposa se sumaría en todo momento, pero mucho me temo que algunas escalas antes ella habría regresado a casa para asegurarse de que nuestros niños (un hombre y una mujer hechos y derechos) no se hubiesen asilvestrado o que sus amigos hubieran desmontado la casa ladrillo a ladrillo tras dos semanas de interminable fiesta. Desde luego creo que ella no me acompañaría en una semana a caballo por las Montañas Rocosas o en un curso de buceo en la barrera de coral de Australia.

He prescindido en mi relato de toda referencia a coches de lujo, casas enormes, restaurantes con estrellas en la guía Michelin, ropa de marca o relojes carísimos, porque sería una forma ordinaria de empañar el sueño. Tampoco he querido presumir de generosidad con las respectivas familias, aunque tratándose de dinero es un error presumirle valor al soldado.

Sin embargo, después de tan extenso periplo, de haber hollado los edredones de los más exclusivos hoteles del mundo, de saborear las más exquisitas viandas cocinadas por los chefs más reputados, de saturar la mirada ante tanta maravilla de la naturaleza, de sorprenderme ante la capacidad artística del ser humano para trascender a sí mismo, de contemplar las más prominentes cimas del Planeta, creo que acabaría regresando a la comodidad de mi esquina del sofá, de la cual tendría que expulsar, como siempre, al perro invasor, abriría un periódico y, entre sorbo y sorbo de café descafeinado, le diría a mi mujer: “¿Qué te parece si este fin de semana no vamos a ningún sitio?”.

Porque, no nos engañemos: los que son ricos de verdad no sueñan con serlo, sino que lo son, aunque su riqueza no se mida en dinero, sino en sueños.

 

Nota: Este post está dedicado a mis amigos Angel ‘electrodo’ y Miguel Angel ‘undertaker’. Al primero por haber superado sus cimas y, al segundo, para invitarle a que no tarde en hacerlo, sobre todo en lo que se refiere a visitar Nueva York.

3 comentarios

001
Isabel Saracho
24.03.2012 a las 21:13 Enlace Permanente

Pero….todavía te da tiempo a escribir estas cosas tan bonitas???

002
JMV
25.03.2012 a las 10:36 Enlace Permanente

Escribo en aviones, en aeropuertos, madrugo o trasnocho… necesito escribir.

003
Leo Farache
25.03.2012 a las 19:25 Enlace Permanente

Velasco,
¡muy bueno! Seguiremos siendo, como no podría ser de otra manera, ricos. Muy ricos. Inmensamente ricos. Como pocos.

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