
El río Caño Cristales (Colombia) está considerado el más bonito del mundo. La transparencia de sus aguas permite ver los colores de sus fondos cargados de coloridos minerales.
La voluntad, esa fuerza que Albert Einstein consideraba “más poderosa que el vapor, la electricidad y la energía atómica” radica en el cerebro y tiene componentes químicos y psicológicos. De hecho, estudios científicos han descubierto que la motivación depende de la zona del cerebro en la que se segregue una mayor cantidad de dopamina. Así, las personas diligentes liberan esta hormona que actúa como neurotransmisor en el estriado y en la corteza prefrontal ventromedia; sin embargo, en los individuos con menor voluntad la liberación se registra en la ínsula, zona en la que residen las emociones y la percepción del riesgo.
Gonzalo Anes y Álvarez de Castrillón, director de la Real Academia de la Historia, argumentaba en una conversación reciente que uno de los problemas de España es que carece de una moral laica. A su juicio, la amoralidad se ha instalado en la vida cotidiana esencialmente por dos razones: la debilitación del miedo al castigo y la ausencia de códigos de referencia sustitutivos del dogma religioso.
El marqués de Castrillón me contó que, por su condición de historiador, había sido invitado en muchas ocasiones a asistir como testigo en la firma de testamentos. A menudo el testador reservaba una cantidad para deudas que aún siendo contraídas en vida pudieran aparecer tras su fallecimiento. Cubría así el riesgo de quedarse en el limbo pendiente de la restauración de su virtud, porque, según la moral católica, la pena sólo es absuelta cuando se devuelve el dinero. No es suficiente el arrepentimiento o el perdón. Trascurrido un tiempo sin que apareciese acreedor alguno, tal dinero solía desembocar como donación en la institución religiosa de turno.
Un periodista no se convierte de la noche a la mañana en un dircom, ni siquiera con el concurso del Espíritu Santo.
Quien hace esta afirmación es un Licenciado en Ciencias de la Información, en la rama de Periodismo, que ha ejercido el periodismo, que siente aún cómo el periodismo sigue corriendo por las venas de sus instintos profesionales y que considera al periodismo como un oficio cuya utilidad social trasciende la necesidad de ganarse la vida.
Mi madre decía que yo era una persona afortunada. Ciertamente lo soy, al menos siento y actúo como si lo fuera. De hecho, he llegado a pensar que mi propia madre sacrificó una cuota de su fortuna para entregármela en un supremo acto de generosidad. Sólo así puedo aceptar que su suerte en términos de salud se acabase a los 50 años.
Hoy es mi cumpleaños y he vuelto a encontrarme con la suerte: el día durará un segundo más. La vida me regala un segundo más el mismo día en el que celebro que he superado con salud un año más. Desde que me he enterado de tan feliz acontecimiento llevo dándole vueltas a la cabeza para decidir qué haré con ese tiempo adicional que la existencia me ofrece como presente.
Ajustes, reformas y espíritu emprendedor son los ingredientes de la receta que los líderes de opinión prescriben para superar la crisis. La unanimidad en la terapia ha convertido al emprendimiento en un medicamento genérico, tal vez demasiado genérico para una sociedad salario-dependiente en su inmensa mayoría.
Emprender significa tomar decisiones que implican un riesgo. La motivación para la opción de moverse en una dirección concreta es la expectativa de una recompensa mayor que la de la pasividad. El riesgo es el precio que hay que pagar por avanzar sin la absoluta seguridad de que al final del camino se encuentra la meta deseada.
Es una pena que Grecia sea hoy una metáfora de las ruinas que coronan Atenas.
Situada a 156 metros sobre el nivel del mar, en una meseta caliza de 270 metros de longitud y 85 de altura, se yergue la Acrópolis de Atenas, la «roca sagrada», uno de los símbolos más universales del espíritu y la civilización clásica. La Acrópolis fue construida en la segunda mitad del siglo V a.C. por un grupo de artistas dirigidos por Fidias. Gobernaba Atenas Pericles, cuyo empeño en embellecer la ciudad y rendir tributo a los dioses proporcionó un gran impulso económico y cultural a la ciudad. La ambición de quien fue conocido como «el primer ciudadano de Atenas» impulsó la generación de empleo, pero sobre todo instauró un clima de optimismo que favoreció la creatividad, la filosofía, los valores cívicos asociados a la participación ciudadana y la expansión internacional de la ciudad-estado.
En un artículo publicado el pasado 31 de mayo en un suplemento editado por varios periódicos europeos, entre ellos El País, Felipe González, convencido europeísta, aseguraba que «el único recurso que le queda a la Unión Europea, no sólo frente a nuestra crisis generalizada, sino para lograr incorporarnos a la nueva realidad global, es más Europa y menos nacionalismo rampante«. Esta opinón es compartida por el Gobierno de España, convencido de que, como ha declarado el ministro Cristóbal Montoro, de la crisis se sale «haciendo más euro y más Europa«.
«Toda nuestra dignidad estriba en el pensamiento. Esforcémonos, pues, en pensar bien: este es el principio de la ética«. Henry More (filósofo británico)
La acción política gira en torno a dos ideas: ajustes y reformas. Los primeros son el alimento que unos voraces mercados reclaman de forma inmediata para seguir prestando dinero a España. Las segundas también forman parte del menú financiero, pero su digestión requiere un plazo más largo. La agenda del Gobierno se desgrana en cada Consejo de Ministros viernes tras viernes, mientras la sociedad española asiste con el corazón en un puño, mano cerrada que aún no ha expresado realmente la indignación que acumula, a la sucesión de medidas -ajustes en unos casos, reformas en otros- que emanan de un poder nacional parcialmente sometido, más por obligación que por devoción, a los dictados de la Europa calvinista.
“El tiempo hace estragos en la gratitud, más que en la belleza”, decía el escritor estadounidense Mario Puzo. En Dircom no queremos que ocurra esto con quienes hace 20 años tuvieron la generosidad de entregar su tiempo, sus ideas y su compromiso a la Asociación de Directivos de Comunicación. Por ello, en aplicación del principio de Tagore (“Agradece a la llama su luz, pero no olvides el pie del candil que paciente la sostiene”), arrancamos los actos del vigésimo aniversario de la asociación acordándonos de nuestros primeros socios, a los que rendimos tributo de reconocimiento y gratitud y de los que aún esperamos que nos sigan iluminando con su sabiduría.
“¡Normal!” El periódico (de izquierdas) Libération lo clavó en su portada del lunes sobre el resultado de las elecciones francesas que han dado la victoria a los socialistas encabezados por François Hollande. Una sola palabra les ha bastado para explicarlo todo: normal que gane un tipo corriente como el líder del PSF; normal que la crisis se haya llevado por delante a Sarkozy como antes lo hizo con Gordon Brown en Inglaterra y ZP en España; y normal que los franceses hayan optado por alguien que quiere recuperar algo tan inherente a su idiosincrasia como la grandeur y que Francia deje de ser el “perrito faldero” de la Merkel en que la había convertido “le petit Nicolas”.









