
Las organizaciones tienen que empezar a introducir su mano en la boca de la verdad, incluso con el riesgo de sufrir amputaciones en su reputación si mienten. Fotografía de a_marga.
Daniel Tisch, presidente de la Global Alliance for Public Relations and Communication Management, la entidad que agrupa a las asociaciones de comunicadores de todo el mundo, se refirió recientemente en Madrid al papel de los directores de comunicación como “guardianes de la autenticidad”. En el concepto de autenticidad encajan las tres misiones que el Mandato de Melbourne asigna a los comunicadores: definir y conservar el carácter de la organización y sus valores, crear una cultura de escucha e implicación con los grupos de interés y promover el comportamiento responsable en el seno de las organizaciones.
Lo he visto varias veces con el fin de documentarme para escribir este artículo y mi perplejidad ha ido in crescendo, hasta el punto de que temo cargar las tintas sin analizar con suficiente distancia el fenómeno de los ‘Harlem Shake’. El vídeo original de esta iniciativa con motivación viral está a punto de alcanzar los 25 millones de visionados en Youtube, aunque todos los Harlem Shake que se han realizado desde hace apenas tres meses suman más de 1.000 millones de visitas. Una cifra increíble para tamaña estupidez.
2013
«The new digital age: reshaping the future of people, nations and business» es el título del libro escrito por Eric E. Schmidt, presidente ejecutivo de Google, y Jared Cohen, director de Google Ideas y exconsejero para asuntos de terrorismo del Departamento de Estado de Estados Unidos, que acaba de salir a la venta. Amparados en la potencia de su marca, los autores se atreven a pronosticar que al final de esta década todos los habitantes de la Tierra estarán conectados digitalmente.
Warren Buffet, multimillonario antes y después del estallido de Wall Street en 2008, lo dijo muy gráficamente: “Sólo cuando baja la marea se sabe quién nadaba desnudo”. La crisis ha desnudado a muchos líderes. De hecho, en muchos casos les ha dejado sin liderazgo al socavar la fuente económica de su poder. La fuerza de las olas ha hecho jirones unos ropajes tejidos con hilos de escasa calidad moral, diseñados para lucir en la pasarela, no para durar en el mercado de los hechos, extremadamente finos para evitar el peso de la conciencia e insuficientes para arroparse en la tormenta.

La mayor belleza se encuentra en las cosas que no se pueden poseer. Fotografía de Ana Heres tomada en Philip Island (Australia).
La época de la «exuberancia irracional» que el propio Alan Greenspan no supo o no quiso frenar transportó en sus entrañas muchos pecados cuya penitencia es un monstruo que devora esperanzas. Los riesgos de la arcadia financiera feliz de los que el entonces presidente de la Reserva Federal de Estados Unidos alertó en un discurso pronunciado en el American Enterprise Institute for Public Policy Research en diciembre de 1996 se han transformado en recortes para el estado del bienestar, ese mundo sin dolor que la clase media de los países desarrollados creía haber alcanzado.

Una rata jefe pone a prueba la lealtad e inteligencia de sus más ratones más fieles. Ilustración de Francisco Ponce Carrasco.
Érase una vez una colonia de ratones que vivía en una alcantarilla situada en una zona urbana. La colonia era dirigida por una inmensa rata que manejaba la jefatura con pata de hierro en guante de seda. Su liderazgo no emanaba de su tamaño, sino del juicio reflexivo que aplicaba a su gobierno. Ante la proximidad de un tiempo de escasez, su principal preocupación era cuidar de un sabroso queso azul que sus ratones subalternos habían logrado rescatar de un contenedor de basura próximo a un restaurante.

España es el primer país del mundo en deportes de equipo. Sin embargo, cuando se trata de España, el país tiene pocos fans. Fotografía de Nardo Villavoy.
España tuvo un presidente que dijo que España era “un concepto discutido y discutible”. Su afirmación merecería un juicio menos severo si hubiese sustituido “concepto” por “marca”. Efectivamente, España, como país, es una marca discutida, especialmente dentro de las fronteras de la geografía peninsular, y discutible, porque es imprescindible discutir para llegar a conclusiones operativas acerca de cómo gestionar proactivamente el patrimonio de sus intangibles.

El país más poblado del mundo tiene capacidad para crear sus propias marcas y dotar de alma al Made in China. Foto de Irene Velasco
Cuando el monje budista Hui Lin llegó a Hangzhou esperaba un cálido recibimiento por parte de sus habitantes. Sin embargo, a diferencia del que habían cosechado sus hermanos en el norte, lejos de la soberanía china reinante en la época, los ciudadanos de aquella ciudad del sur, mayoritariamente taoístas, le consideraron casi un heraldo del diablo.
El fabulista griego Esopo decía que “las palabras que no van seguidas de hechos no valen nada”. Siendo cierto, en pocos oficios como en el de la comunicación tienen tanto valor las palabras, los vocablos que en sus idas y venidas se enlazan, discuten o se enamoran y procrean conversación. Son los glóbulos rojos que transportan las ideas y los mensajes en el plasma comunicativo. Son condición necesaria, aunque insuficiente, para lograr que el torrente del diálogo desemboque en el océano de los hechos.
He aquí las palabras claves para el ejercicio profesional y honesto de la comunicación: Seguir Leyendo
Hacía tiempo que no leía algo tan profundamente revolucionario. Cuando culminé su lectura por primera vez sentí que me hallaba ante un yacimiento de ideas casi inagotable acerca del poder de la comunicación. Poco a poco, cada que vez que consultaba sus páginas, intuí que el autor no pretendía convencerme de la bondad de sus tesis, sino despertar en mí la utopía, adormecida por las comodidades de la burguesía del desarrollo, pero también amenazada por una crisis ideológica que Francis Fukuyama bautizó como «el fin de la historia«.
Mauricio Tolosa (1) es chileno, nació en Punta Arenas, ha vivido en Santiago, París, México DF, Bangalore, Panamá y Managua, ha trabajado para los pobres y para algunos ricos, y se define profesionalmente a sí mismo como un apasionado de la comunicación. En 2012 publicó en versión digital «Comunidades, el desplome de las pirámides«, un ensayo no muy extenso, pero sí tremendamente intenso en su cuestionamiento de una sociedad que, en vez de encontrar la unión natural a través de la comunicación, consustancial a la vocación colectiva del ser humano, fomenta el desencuentro entre individuos. Seguir Leyendo






