2013
«The new digital age: reshaping the future of people, nations and business» es el título del libro escrito por Eric E. Schmidt, presidente ejecutivo de Google, y Jared Cohen, director de Google Ideas y exconsejero para asuntos de terrorismo del Departamento de Estado de Estados Unidos, que acaba de salir a la venta. Amparados en la potencia de su marca, los autores se atreven a pronosticar que al final de esta década todos los habitantes de la Tierra estarán conectados digitalmente.
Warren Buffet, multimillonario antes y después del estallido de Wall Street en 2008, lo dijo muy gráficamente: “Sólo cuando baja la marea se sabe quién nadaba desnudo”. La crisis ha desnudado a muchos líderes. De hecho, en muchos casos les ha dejado sin liderazgo al socavar la fuente económica de su poder. La fuerza de las olas ha hecho jirones unos ropajes tejidos con hilos de escasa calidad moral, diseñados para lucir en la pasarela, no para durar en el mercado de los hechos, extremadamente finos para evitar el peso de la conciencia e insuficientes para arroparse en la tormenta.

La mayor belleza se encuentra en las cosas que no se pueden poseer. Fotografía de Ana Heres tomada en Philip Island (Australia).
La época de la «exuberancia irracional» que el propio Alan Greenspan no supo o no quiso frenar transportó en sus entrañas muchos pecados cuya penitencia es un monstruo que devora esperanzas. Los riesgos de la arcadia financiera feliz de los que el entonces presidente de la Reserva Federal de Estados Unidos alertó en un discurso pronunciado en el American Enterprise Institute for Public Policy Research en diciembre de 1996 se han transformado en recortes para el estado del bienestar, ese mundo sin dolor que la clase media de los países desarrollados creía haber alcanzado.

Una rata jefe pone a prueba la lealtad e inteligencia de sus más ratones más fieles. Ilustración de Francisco Ponce Carrasco.
Érase una vez una colonia de ratones que vivía en una alcantarilla situada en una zona urbana. La colonia era dirigida por una inmensa rata que manejaba la jefatura con pata de hierro en guante de seda. Su liderazgo no emanaba de su tamaño, sino del juicio reflexivo que aplicaba a su gobierno. Ante la proximidad de un tiempo de escasez, su principal preocupación era cuidar de un sabroso queso azul que sus ratones subalternos habían logrado rescatar de un contenedor de basura próximo a un restaurante.

España es el primer país del mundo en deportes de equipo. Sin embargo, cuando se trata de España, el país tiene pocos fans. Fotografía de Nardo Villavoy.
España tuvo un presidente que dijo que España era “un concepto discutido y discutible”. Su afirmación merecería un juicio menos severo si hubiese sustituido “concepto” por “marca”. Efectivamente, España, como país, es una marca discutida, especialmente dentro de las fronteras de la geografía peninsular, y discutible, porque es imprescindible discutir para llegar a conclusiones operativas acerca de cómo gestionar proactivamente el patrimonio de sus intangibles.

El país más poblado del mundo tiene capacidad para crear sus propias marcas y dotar de alma al Made in China. Foto de Irene Velasco
Cuando el monje budista Hui Lin llegó a Hangzhou esperaba un cálido recibimiento por parte de sus habitantes. Sin embargo, a diferencia del que habían cosechado sus hermanos en el norte, lejos de la soberanía china reinante en la época, los ciudadanos de aquella ciudad del sur, mayoritariamente taoístas, le consideraron casi un heraldo del diablo.
El fabulista griego Esopo decía que “las palabras que no van seguidas de hechos no valen nada”. Siendo cierto, en pocos oficios como en el de la comunicación tienen tanto valor las palabras, los vocablos que en sus idas y venidas se enlazan, discuten o se enamoran y procrean conversación. Son los glóbulos rojos que transportan las ideas y los mensajes en el plasma comunicativo. Son condición necesaria, aunque insuficiente, para lograr que el torrente del diálogo desemboque en el océano de los hechos.
He aquí las palabras claves para el ejercicio profesional y honesto de la comunicación: Seguir Leyendo
Hacía tiempo que no leía algo tan profundamente revolucionario. Cuando culminé su lectura por primera vez sentí que me hallaba ante un yacimiento de ideas casi inagotable acerca del poder de la comunicación. Poco a poco, cada que vez que consultaba sus páginas, intuí que el autor no pretendía convencerme de la bondad de sus tesis, sino despertar en mí la utopía, adormecida por las comodidades de la burguesía del desarrollo, pero también amenazada por una crisis ideológica que Francis Fukuyama bautizó como «el fin de la historia«.
Mauricio Tolosa (1) es chileno, nació en Punta Arenas, ha vivido en Santiago, París, México DF, Bangalore, Panamá y Managua, ha trabajado para los pobres y para algunos ricos, y se define profesionalmente a sí mismo como un apasionado de la comunicación. En 2012 publicó en versión digital «Comunidades, el desplome de las pirámides«, un ensayo no muy extenso, pero sí tremendamente intenso en su cuestionamiento de una sociedad que, en vez de encontrar la unión natural a través de la comunicación, consustancial a la vocación colectiva del ser humano, fomenta el desencuentro entre individuos. Seguir Leyendo
Cuando era pequeño mis padres me insistían en que la mentira era la peor de las faltas. Ni mentiras ni mentirijillas, porque la reiteración de las segundas relaja la disciplina en cuanto a la total ausencia de las primeras.
Es verdad que la moral católica contribuía al exilio del embuste mediante el miedo al pecado. Esta ética de inspiración religiosa no ha sido sustituida por una moral laica. A juicio de Gonzalo Anes, director de la Real Academia de la Historia, la transición desde un régimen confusamente confesional a una sociedad dominada por el laicismo ha sido demasiado acelerada, tanto que no ha dado tiempo a edificar una moral cuyos pilares sean los valores cívicos de la democracia, la libertad y la justicia.
La invasión de Sicilia por Garibaldi significa un gran contratiempo político para don Fabrizio, príncipe de Salina. En 1860, el líder revolucionario acelera la unión nacional y los pequeños estados se van incorporando al Reino de Italia, engendrado en torno a Víctor Manuel de Saboya, rey del Piamonte. En este escenario, don Fabrizio y su familia se trasladan a la veraniega localidad de Donnafugata.
Angelica, hija del rico burgués don Calogero, fascina al joven Tancredi, sobrino del príncipe de Salina. Éste, que ve con agrado esta unión entre la aristocracia y la alta burguesía, es obligado a emitir su voto en un plebiscito para decidir la suerte de Sicilia, pero renuncia a un escaño en el Senado que le ofrece el rey Víctor Manuel II, alegando que ha estado demasiado ligado al antiguo régimen para cambiar.







