Si no conoces, estás desnudo. Si no creas, estás vacío, Si no compartes, no comunicas. Fotografía de Nardo Villaboy.

Si no conoces, estás desnudo. Si no creas, estás vacío, Si no compartes, no comunicas.
Fotografía de Nardo Villaboy.

En su libro “Comunidades y redes sociales, el desplome de las pirámidesMauricio Tolosa desvela los orígenes etimológicos de la comunicación: hace 5.000 años los pueblos indoeuropeos fusionaron los vocablos “ko” (vivir juntos) y “mei” (intercambio). Surgía así la comunicación como un bien social al expresar la acción de “constituirse y ser juntos intercambiando”.

Esta raíz se aprecia también en el estudio del filósofo italiano Roberto Esposito, que sitúa la etimología de la palabra “comunicación” en el sustativo latino “munis”, que hace referencia a un “deber u obligación”, a partir del cual se origina un “communis”, es decir, poner en común o compartir ese deber con los demás, originar una “communitas”.

En ambos casos, comunicar es hacer comunidad.

Desde esta perspectiva, la comunicación tiene un componente liberador, ya que facilita al ser humano su desarrollo, pero también otro vinculado a los deberes sociales que se derivan del hecho de participar en una comunidad. Libertades y obligaciones que convierten a la comunicación en la función social más relevante. Sin ella no hay pasado (memoria) ni futuro (expectativa).

1. Conocer.  No es casual que el primer verbo clave en comunicación comparta con ella el prefijo “co”, al que se suma del latín “gnoscere” (saber, tener opción).

En nuestra profesión conocer implica una doble acción: saber en profundidad de la materia que se comparte, es decir, hablar con conocimiento de causa, y entender el resultado de la misma. Este verbo debe ser conjugado en primer lugar en forma reflexiva (conocerse) para inmediatamente girar la mirada hacia los demás, los interlocutores, cuyo entendimiento aporta valor a la conversación.

En comunicación, la humildad es imprescindible para no dejar de aprender jamás, aprender para uno mismo y de los demás.

2. Crear. Este verbo encuentra su raíz en la forma indoeuropea “ker”, que significa tanto crear como crecer.

Tomada por el latín en su primera forma, la comunicación no debe obviar la segunda. Ascendida a cualidad, la creatividad conecta con la innovación y estimula la co-creación. En el actual escenario tecnológico el comunicador debe crear conversaciones, diálogos que generen, a su vez, nuevas interacciones a partir de intereses comunes. Durante muchos siglos la comunicación, concebida como una función con una finalidad determinada, ha sido jerárquica y unidireccional. Hoy, cuando la base de la pirámide ha adquirido el poder de la comunicación, la creación ha de ser solidariamente colectiva.

En comunicación, crear es convertir tu mensaje en el mensaje de los demás.

3. Narrar. Comparte con conocer la raíz indoeuropea “gno”, que evolucionó en el latín hacia “gnarurare”: hacer a uno conocedor (de cualquier cosa).

Tras la creatividad, la narrativa es la técnica más difícil de adquirir. Quien domina la narrativa, domina la escena, sobre todo a partir de la capacidad para convertir al interlocutor en protagonista, para hacerle sentir partícipe del relato. Una buena narrativa toma de la literatura sus ingredientes básicos: unos personajes atractivos, una trama cuyo tempo acreciente el interés y un final que no defraude. La utilización de técnicas periodísticas es un buen punto de partida para crear una narrativa eficaz, pero el storytelling va más allá al importar las habilidades del literato, sobre todo del contador de historias.

En comunicación el relato aporta a la conversación las emociones que engendran sentimientos tales como la implicación, el compromiso y la fidelidad.

4. Compartir. Vivir juntos (de nuevo la presencia del poderoso sufijo “ko”)  implica necesariamente compartir, del latín “compartiri”. Según el diccionario de la Real Academia Española, sus significados son: 1. “Repartir, dividir, distribuir algo en partes”. Y 2. “Participar en algo”.

En esencia este verbo es comunicación. Sin embargo, hoy no es suficiente con dar, también hay que recibir. En las respuestas que recibes, inesperadas en ocasiones, está a menudo la clave de unas preguntas que no han de ser retóricas. En el viejo modelo muchos comunicadores creen saber las respuestas o las prejuzgan, de tal suerte que convierten la acción de preguntar en un ejercicio de cortés hipocresía. Cuando preguntas el comunicador tiene que estar dispuesto, en primer lugar, a escuchar las respuestas y, en segundo, a aprender de ellas.

En comunicación, compartir es con frecuencia partir hacia un destino desconocido, una aventura de la mano de otros.

5. Anticipar. Del latín “anticipare”. Sus componentes léxicos son el prefijo “ante” y la palabra “capere” (coger, tomar).

El buen comunicador anticipa las reacciones que pueden producir sus estímulos y se anticipa a ellas. Es imprescindible llevar la iniciativa, pero hacerlo de una forma planificada y racional. Anticipar significa elegir el tiempo y el tempo de la comunicación, entender los espacios temporales de los interlocutores y casar expectativas e intereses en el lugar y momento adecuados. Adelantarse con tino y con tiento sin distanciarse en exceso de los ritmos de los grupos de interés.

En comunicación, el que llega antes no siempre es el que llega el primero, pero sí el que primero entiende a los otros protagonistas de la conversación.

Moraleja: Si conjugas estos verbos serás un buen comunicador, pero sobre todo serás más feliz con tu comunidad.

 

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[…] Comunicar, en cinco verbos (y su etimología) […]

[…] Fuente: Artículo del blog de José Manuel Velasco […]

Un comentario

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Hugo Moreno
05.09.2014 a las 04:02 Enlace Permanente

Hola José. Buen tema, gracias por compartir. Aporto una consideración a tu texto que me parece necesaria. Cuando dice: “en comunicación, crear es convertir tu mensaje en el mensaje de los demás…” añadiría que la comunicación es CREAR a partir de tu mensaje y del de los demás algo nuevo. Cuando hay comunicación, justamente eso ocurre, tu mensaje y el de los otros se convierte en algo nuevo de lo cual quienes participan en su construcción, están de acuerdo o no, y genera en sus percepciones y emociones nuevas perspectivas o confirma aquellas de las que se pensó pero con ingredientes nuevos. En fin, es importante resaltar la bidireccionalidad como un elemento fundamental e imperativo de ese poder de la comunicación de hoy y de siempre. Buen artículo, de nuevo gracias.

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