Sed fugit interea, fugit irreparabile tempus, singula dum capti circumvectamur amore.

(“Pero mientras tanto huye, huye el tiempo irremediablemente, mientras nos demoramos atrapados por el amor hacia los detalles.”)

 

Pintura que decora una de las paredes del salón de audiencias del Palacio de la Generalitat de Catalunya

 

El tópico literario del tempus fugit procede del Libro III de las Geórgicas, obra del poeta romano Publio Virgilio Marón (70 a.C.-19 a.C.). Virgilio fue también el autor de la Eneida y las Bucólicas, en las que se muestra como un fiel reflejo del hombre de su época, con sus ilusiones y sus sufrimientos, a través de una forma de gran perfección estilística.

A pesar de su procedencia clásica, la idea del tempus fugit se manifiesta sobre todo a partir del siglo XV, momento en el que la burguesía comienza a tener poder y el dinero se hace imprescindible. La clase alta mejora su nivel de vida, por lo que se produce un cambio en cuanto a la forma de ver la muerte, que ya no será concebida como un acceso a la vida eterna, sino como una desgracia. Este espíritu es el que mueve el dicho popular de “el tiempo es oro”, visión burguesa del tópico latino.

Desde entonces, el capital ha querido comprar el tiempo y la salud. Uno y otro se le han escapado irremisiblemente. Incluso los menos afortunados en términos materiales no sueñan ya con el tiempo, sino con el dinero necesario para, en principio, comprarlo…

El tiempo se ha convertido en una obsesión. El escritor británico Herbert Spencer sostenía que el tiempo es “lo que los hombres siempre tratan de matar, pero acaba por matarlos“. De hecho, cuando nos empeñamos en controlar el paso del tiempo es éste quien nos controla a nosotros. Estúpido intento. Ya lo decía la actriz estadounidense Shirley Maclaine: “Conciencia del tiempo es igual a estrés y agotamiento corporal y emocional“.

No es el tiempo lo que se os da, sino el instante. Con un instante dado, a nosotros nos corresponde hacer el tiempo“. He aquí la clave que propone el escritor belga Georges Poulet. Porque no se trata de tener consciencia del inexorable avance de las horas, los días, las semanas y los años, sino de encontrar la sustancia vital en el instante. El instante es esa partícula cuyo poder de creación inclina la balanza del lado de la felicidad consciente y en cuya ausencia se manifiesta la futilidad del ser.

Jorge Luis Borges afirmaba que “el tiempo es la materia de la que se he sido creado“. En línea con la interpretación del literato argentino, nuestro ser debe mirar siempre de reojo a nuestra materia temporal, con el fin de esconderse de las arrugas que la vida dibuja en su relato sin renegar de ellas.

Tenemos que vivir apasionadamente el instante, de tal suerte que el tiempo parezca un sueño viajero entre los recuerdos del pasado y las expectativas del futuro. Se puede vivir sólo del pasado, pero quien practica tal ejercicio de retrospectiva vive encogido en lo que fue y tal vez nunca más será, angustiado por el miedo al porvenir. Y se puede vivir también sólo del futuro, pero tal prospección acelera considerablemente la sensación de que el rejoj atómico de tu existencia tira tu muñeca con tal fuerza que no podrías siquiera detenerte a limpiar el cristal que refleja cada momento temporal.

Insisto en el consejo del profesor Santiago Alvarez de Mon para que, en vez de intentar estirar el futuro, consumamos nuestras energías en “ensanchar el presente”. El instante y la sustancia no caben en un reloj.

 

6 comentarios

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jordi castillo
14.08.2012 a las 23:30 Enlace Permanente

Excelente reflexion que comparto. Vivimos instantes, no sentimos el tiempo, sentimos esa particula de tiempo que se concretan las emociones, las pasiones, un instante…. Si tuvieramos que materializar y visualizar el significado del tiempo y del instante, el primero seria la playa donde descansan los granos de instantes de tu vida. Y ahi radica la plenitud del ser humano, en ser capaz de identificar y dar forma a su existencia a partir de reconocer los momentos mas intensos de su paso del tiempo. Reconocer esos instantes….

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JMV
15.08.2012 a las 20:04 Enlace Permanente

Reconocer esos instantes… y compartirlos es sentirse vivo.

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angel
17.08.2012 a las 12:48 Enlace Permanente

Mientras mas nos vamos cargando del lastre de lo material mas miedo tenemos a perderlo por tanto mas miedo a que el tiempo pase y se nos escape esa “riqueza”,que absurdo cuando el secreto esta en no cuanto acomulas si no como lo disfrutas y gestionas

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Amparo Torres
22.08.2012 a las 13:18 Enlace Permanente

Muy buena reflexión. Apreciar e incluso recrearse en el instante es fundamental.
Y detenerse, meditar y profundizar en nuestro interior resulta imprescindible para adquirir esa maravillosa e indispensable capacidad.
Hace poco leí una interesante entrevista al director de cine David Lynch – quien al parecer lleva más de 35 años meditando a diario – y decía que, gracias a la meditación, su vida es cada día más alegre y feliz … En ello estoy! 🙂

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david vassallo
28.08.2012 a las 13:01 Enlace Permanente

En el occidente de Asturias, de donde me siento, y en algunas ciudades de holanda y francia podreis ver un caracol en la entrada del pueblo o ciudad (aqui en Castropol, Figueras o La caridad). No es otra cosa mas que la filosofia Slow, slow citiies (declarada asi oficialmente) donde todo debe hacerse en actitud lenta, sin prisas, de forma desacelerada con respecto a lo normal. Copiando al propio movimiento ” el movimiento Slow es una fuente de placer, útil para alejarse de una vida estandarizada regida por el minutero de nuestro reloj de pulsera, sometida por una velocidad que erradica nuestra capacidad para disfrutar del momento esperado cuando este por fin asoma”.

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JMV
29.08.2012 a las 11:55 Enlace Permanente

Estimado David: Slow or slower, ese es mi objetivo. Saborear más y mejor las cosas buenas de la vida, Asturias entre ellas.

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