03Mar
2012
Escrito a las 12:40 am

La verdad no está de moda. Desde el fin de las ideologías dogmáticas que ha significado el triunfo de la versión capitalista de la democracia sobre el socialismo totalitario, la realidad está más sometida que nunca al interés particular.

Hemos pasado de un sistema articulado de verdades absolutas e incuestionables, ya sean de carácter terrenal o emanen de la fe, a una interpretación individual y desordenada de los hechos que nos atañen. Existen tantos puntos de vista como observadores, con el agravante -o el atenuante en función del efecto que produzca su difusión-  de que esas perspectivas tienen ahora la oportunidad de ser ampliamente compartidas a través de las redes de comunicación que la tecnología ha puesto en nuestras manos.

El resultado de tanta versión es que, aparentemente, la verdad sólo puede ser construida mediante la adición de trozos de distinta naturaleza y procedencia. Lo que entendemos por realidad es un puzzle formado por interpretaciones individuales de un acontecimiento. Tanto es así que la verdad no se forma a partir de certezas, sino de opiniones enfrentadas. El contraste entre sí de distintas visiones confiere carácter pseudocientífico a las descripciones de los hechos, conclusiones o pronósticos.

Felizmente, hemos abandonado el dogma para abrazar, faltamente, la ausencia de certezas. El precio pagado por tan apresurado viaje es el deterioro de la confianza. Marcelino Oreja añadiría el relativismo, que deviene a su vez en la debilidad del compromiso social. Porque, sometidos a las interpretaciones, cada persona se siente obligada a construir la suya propia y tiende a creer que ésta vale tanto como la del experto. En ausencia de compromiso, la debilidad de la confianza provoca que las referencias sean tan escasas como inconsistentes. Es más, la voz de  aquellas personas que, por su experiencia o conocimiento, deberían marcar opinión se pierde entre tanto ruido.

Tal ha sido la pérdida de peso de la verdad como virtud que incluso la mentira se ha tornado abundante y barata. Se elabora poco y se difunde mucho, hasta el punto de que su reiteración acaba creando un espejismo con apariencia de realidad. Con la memoria selectiva como aliada, no son pocos quienes a fuerza de repetir una mentira acaban creyendo en ella. Un ejercicio absurdo desde el punto de vista filosófico, porque racionalmente no se puede creer en lo que no existe.

Verdad y mentira se necesitan, de tal suerte que el descenso de la primera en la escala de valores provoca automáticamente la devaluación de la segunda. Un claro ejemplo es la actitud de los políticos, quienes en las últimas legislaturas se acusan de mentir con tanta frecuencia y ligereza que su credibilidad está severamente dañada. El día que se propongan recuperar la virtud de la verdad y la gravedad de la mentira se encontrarán, cual Pedro en la fábula del lobo, huérfanos de ovejas a las que pastorear.

Si en la política la verdad debería ser un comportamiento ejemplar, en el periodismo es sagrada. En su despedida como defensa del lector del diario El País, Milagros Pérez Oliva se manifestaba así: “Una visión cínica del periodismo sostiene que la verdad no existe. Que puede haber tantas verdades como interpretaciones de la realidad. Este planteamiento es una gran trampa. Creo que los periodistas hemos sido negligentes al descuidar la defensa de la verdad. Porque la verdad, en periodismo, existe. Al menos existe la verdad de los hechos, la verdad factual. Aquello que es cierto y es comprobable.

Los generadores de mensaje, ya sea desde el periodismo o desde la comunicación,  desempeñamos un papel central en la creación de la cultura dominante. La comunicación construye realidad. En consecuencia, ésta no puede estar edificada sobre verdades a medias, mentiras difusas e interpretaciones dispersas. La verdad es información, no opinión. Nuestra responsabilidad tiene un componente profesional y un principio ético que surge de proclamar alto y claro que “la verdad existe y no admite versiones”.

Un comentario

001
Mariano Pernales
04.03.2012 a las 15:07 Enlace Permanente

En menos de 24 horas ha surgido un magnífico ejemplo a tu reflexión: la entrevista.a Juan Rosell de hoy en El Mundo. Para más inri, la periodista lo llave al titular. Sigamos cavando que ahondamos nuestro propio hoyo.

Dejar un comentario

*