01Abr
2010
Escrito a las 12:00 am

Que saldremos de la crisis es una certeza, casi una obviedad. La teoría de los ciclos económicos, demostrada una vez, requiere fases de depuración para limpiar los excesos de los períodos de irracional exuberancia. Es como la resaca a la borrachera: los dolores de cabeza y el malestar general nos advierten de que hemos ingerido más alcohol del que es razonable para entonar el espíritu sin castigar al organismo. La desazón que ineludiblemente sigue a la embriaguez tiene un efecto pedagógico sobre el cuerpo y la mente: al primero le avisa de que los abusos se pagan; a la segunda le indica que debe corregir el hábito.

Esta vez, el zamacuco está siendo doloroso y amenaza con prolongarse. Sin embargo, el alivio retornará tarde o temprano al sistema económico. Habrá que revisar entonces los daños provocados por la melopea financiera y consumista. De hecho, la certidumbre del final de la crisis convive con la duda acerca de cuán profundos serán los desequilibrios coyunturales, cuya principal expresión es el desempleo, y el deterioro estructural en términos de competitividad de las economías.

Mientras tanto, los agentes económicos tienen que hacer sus deberes. Los están haciendo, en términos generales. En el caso de España, empresas y familias han iniciado un proceso de ‘desapalancamiento’  muy saludable para reducir el déficit por cuenta corriente. La tasa de ahorro de las familias supera ya el 20%, en línea con la media de los países de la Unión Europea. Las empresas, a su vez, han frenado las inversiones y concentran sus esfuerzos en la generación de cash flow y la gestión activa del portafolio de sus negocios, en una búsqueda constante por reducir las necesidades de circulante y recortar el endeudamiento.

De acuerdo con la tesis cíclica de los flujos económicos, el ahorro es el principio de la inversión. La acumulación de capitales, impulsados hacia posiciones conservadoras por la aversión al riesgo, produce un embalsamiento financiero que fluye de nuevo hacia procesos expansivos en cuanto la confianza muestra visos de recuperación. La clave de la decisión es la dosis de riesgo que cada inversor está dispuesto a enfrentar.

Para los gobiernos, las obligaciones derivadas del ajuste son tan dolorosas que se resisten a tomar decisiones que, a la postre, pueden resultar dañinas para sus perspectivas electorales. O no. En el ámbito de las políticas públicas, la medida del riesgo es el resultado de una ecuación formada por la doble necesidad de estímulos, que inicialmente consumen recursos, y de ahorros, especialmente en el capítulo de gastos corrientes. El Nobel Paul Krugman defiende que los Gobiernos gasten más para reactivar la economía, y de esa forma ingresar más. Su obsesión es el mantenimiento del empleo, al que sitúa en el primer eslabón de la cadena de creación de riqueza.

A menudo impelidas por la escasez de sus arcas más que por convicción, las administraciones públicas también están dando pasos para remontar el ciclo. Sus errores, muchos de ellos relacionados con su empeño en soplar y sorber al mismo tiempo para no sufrir un serio desgaste electoral, son perdonables; porque mucho más dañina sería la inactividad.

En mayor o menor medida todos los colectivos ya están tomando medicinas. Sería deseable que el tratamiento incidiese más en la cura que en el alivio de los dolores. No obstante, ¿quién se ocupa de la salud de la unidad básica de cada uno de esos grupos?; ¿quién y cómo se preocupa por la mente de los individuos?

El consenso en los diagnósticos apunta a una infección provocada por la codicia, que es, a su vez, la manifestación externa del egoísmo que nos mueve para bien o para mal en función de la cantidad que dopa a cada persona. “estosololoarreglamosentretodos.org” es una iniciativa colectiva que merece respaldo; sin embargo, devendrá en fuegos de artificio si no es capaz de transformar “todos” en la suma de muchos impulsos individuales.

Es imprescindible recuperar la confianza, pero aún lo es más que este atributo deje ser cíclico para convertirse en el premio que recibe una sociedad por inyectar valores en los cimientos del sistema económico. No hay que buscar lejos esos valores: son los antónimos de aquéllos que nos han guiado hasta este lodazal.

Artículo publicado en abril de 2010 en la revista de la Asociación para el Progreso de la Dirección (APD)

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