Luciano Pavarotti apenas pudo disfrutar un par de años de su casa de campo en Módena (Italia). Fue allí donde el tenor fallecía el día 8 de septiembre de 2007 víctima de un cáncer de páncreas. En la enorme pero sencilla cama que preside el dormitorio principal aún se puede intuir su presencia, moribundo, tal vez lamentándose de no poder ver crecer a su hija Alice, entonces de tres años de edad.
El día 10 de enero de 2017 se comunicó el fallecimiento del sociólogo Zygmunt Bauman en Leeds, localidad británica donde se ubica la casa que habitaba, no muy lejos de la School of Sociology and Social Policy (The Bauman Institute), fundada en 2010 por la Universidad de Leeds como tributo a su obra.
1. No trabajes con expectativas, sino con objetivos.
Si somos optimistas, tenderemos a crear altas expectativas, cuyo incumplimiento será una fuente de frustración; si, por el contrario, el pesimismo nos pesa más, viviremos permanentemente por debajo de nuestro potencial. La expectativa no moviliza, es la expresión de un deseo basado en experiencias anteriores, habitualmente en las mejores.
Debemos sustituir expectativas por objetivos y éstos, a su vez, deben formar parte de una visión. Es muy útil aprender a visualizar los objetivos: dónde estamos, qué sentimos allí, quién está a nuestro alrededor, qué vemos hacia delante y qué hemos dejado atrás.
La expectativa es una ilusión que se mueve al pairo de nuestras exigencias, es como mirar al horizonte sin fijar la vista en parte alguna y ponerse a caminar. El objetivo es una meta que está situada en un lugar concreto, a una distancia que se puede calibrar y a la que se accede a través de un camino que está señalizado con hitos.
En una de las escenas finales de la película «La llegada» el coprotagonista (Jeremy Renner) le confiesa a su compañera (Amy Adams) que si pudiese cambiar algo de su vida «expresaría más veces mis sentimientos«. Ambos se enfrentan al desafío de entablar conversación con dos extraterrestres para descubrir las intenciones de su llegada a la Tierra. Los extraterrestres, encarnados por dos enormes hectópodos, les revelan que han llegado para ayudar a los humanos con el fin de que unos siglos después éstos les ayuden a ellos.
El triunfo de Donald Trump en las elecciones para la presidencia de Estados Unidos es una victoria del miedo, la desesperación y el victimismo. Queda la esperanza de que tales emociones no se transformen en desesperanza, que es la antesala del caos, como consecuencia de la frustración que produce y producirá la ausencia de soluciones o el muy limitado alcance de las mismas, sobre todo cuando el jefe de la tribu evidencie su incapacidad para dar las respuestas a las preguntas que se hacen todos los que le han elegido.
La formación determina en un porcentaje muy elevado las aptitudes de la persona. Entre ellas destaca el conocimiento, que es una combinación de experiencia, aprendizaje y curiosidad. La primera es pasiva, pues basta con acumular comportamientos relacionados con hechos y circunstancias. Sin embargo, aprendizaje y curiosidad son actitudes imprescindibles para catalizar el conocimiento a partir de la experiencia. De hecho, ésta última no es lo que te ha pasado, sino lo que has aprendido con ello. De nuevo, actitud.
Las aptitudes configuran el motor de las personas. Las actitudes son el combustible que lo alimenta.
El mundo se enfrenta a tres grandes desafíos: el medioambiental, el social (económico y de gobernanza) y el tecnológico. Aunque los tres están interrelacionados, el reto medioambiental ha pasado, tras unos años de debate acerca del alcance del cambio climático, que incluso algunos siguen negando, a un segundo plano ante el avance de la desigualdad, la mayor amenaza a la que se enfrenta el capitalismo, según varios premios Nobel de Economía (Josep E. Stiglitz y Paul Krugman, entre otros). La tecnología, a su vez, se percibe más como una esperanza de solución a los dos anteriores que como un desafío.

Enseñemos a nuestros nietos a vivir sin trabajar, porque lo que hoy llamamos trabajo lo harán robots.
La sociedad falsamente llamada post-industrial está organizada en torno al trabajo y al ocio, por ese orden. Incluso los valores éticos están muy influenciados por la moral del trabajo, hasta el punto de que cuando alguna persona puede permitirse el lujo (¿?) de vivir sin trabajar, lo que comúnmente se conoce como “vivir de las rentas”, no concita el aprecio de sus congéneres, sobre todo si su fortuna tiene su origen en la economía especulativa. Trabajamos, pues, para generar recursos que nos permitan hacernos merecedores de la holganza y de la reputación social.
Lo que Antonio Horta Osorio haga con su cuerpo es cosa suya, pero lo que haga con su cuerpo que afecte a la reputación del banco que dirige es cosa suya y del banco. El affaire del consejero delegado del Lloyds Bank desvelado por el diario sensacionalista británico The Sun ofrece lecturas interesantes sobre los códigos de conducta y su aplicación.
El Roto, dibujante cuya acidez ilustra las páginas de El País, publicaba una viñeta el pasado día 30 de julio que ponía el dedo en la llaga.
Parafraseando a Rocío Jurado, «se nos rompió la mentira de tanto usarla«. El abuso del embuste, las versiones partidarias, las fantasías conscientes y las medias verdades han deteriorado la credibilidad de las personas y, por asociación, de las instituciones. Tal menoscabo queda reflejado año tras año en el Trust Barometer que Edelman presenta con motivo de la celebración del World Economic Forum en Davos (Suiza). A los bajos niveles de confianza que detecta el barómetro se ha unido recientemente el aumento de la brecha que separa a la población en general del público informado, una nueva expresión de la desigualdad que amenaza al crecimiento económico y aumenta los riesgos de enfrentamiento social.











