15Sep
2025
Escrito a las 10:51 am

Dos días antes de que unos cientos de manifestantes pro-palestinos lograsen paralizar el final de la Vuelta Ciclista a España en Madrid, el exprimer ministro francés Dominique de Villepin declaraba en una tertulia: «Es España quien salva el honor de Europa, no Francia». El político galo se refería fundamentalmente al hecho de que el Gobierno de España hubiese reconocido al Estado Palestino, paso que aún no ha dado su país.

Esta declaración está siendo utilizada por los hooligans que apoyan al gobierno de Pedro Sánchez para defender la actitud del presidente, quien la misma mañana de la llegada a Madrid de la ronda ciclista alentó las protestas contra Israel, personalizadas en el equipo Israel-Premier Tech, durante un mitin celebrado en Málaga, en completo alineamiento con las líderes de Podemos. Casi al mismo tiempo, la presidenta de la Comunidad de Madrid, Isabel Díaz Ayuso, se fotografiaba con los ciclistas de este equipo, una provocación muy al uso del personaje.

A uno y otro lado del muro se buscarán opiniones para defender o atacar lo que este domingo ha ocurrido en Madrid, un suceso que ha ocupado espacio en todas las portadas y sumarios de los principales medios de comunicación del mundo. Un final abrupto -y bajo sospecha de haber sido animado, consentido y celebrado por el Gobierno de España- que tendrá un claro impacto en la imagen de marca del país.

Las consecuencias de la cancelación de la última etapa de la Vuelta a España no se verán con claridad hasta dentro de unos meses o años. No obstante, sería bueno subirse ahora a lo alto del muro y divisar las posibles reacciones a tal aldabonazo mediático.

La primera mirada se producirá desde el lado emocional y será de simpatía hacia la valentía del gobierno español por su denuncia del genocidio que Israel está cometiendo en Gaza. Esta corriente de simpatía se extenderá entre muchos ciudadanos europeos, quejosos ante la tibia respuesta de Europa ante la invasión israelí de Gaza, y por supuesto entre musulmanes.

Una segunda mirada, ya más sosegada y profunda, llevará a una conclusión muy distinta: que un gobierno se sitúe al lado del desorden deteriora la calidad institucional, uno de los componentes más importantes de la calidad democrática y, por ende, de la credibilidad de los inversores. Este subversión del orden se suma al daño ya producido al rule of law por los constantes ataques de ministros, dirigentes del PSOE y portavoces de partidos independentistas y de izquierda radical contra actuaciones de la Justicia. Esta herida tiene su origen en las denuncias de instrumentalización de la justicia o law fare impulsadas por los independentistas condenados por su participación en el procés en octubre de 2017. Aunque de forma más sutil, el gobierno de Sánchez vuelve a incidir en el law fare cuando cuestiona la instrucción de «jueces que hacen política», en palabras del propio presidente en referencia a los casos que rodean su círculo más íntimo.

Hay un refrán español que encaja en esta imagen: «Los pájaros tirándole a las escopetas». En un país serio no cabe que el poder ejecutivo celebre la suspensión de una prueba deportiva como consecuencia de la actuación de un grupo de manifestantes. Además, si se trata de una competición con gran repercusión internacional, es tirarse un tiro en el pie de la reputación del país. Las declaraciones de Francisco Martín, el delegado del gobierno en Madrid, es decir, del jefe de los cuerpos y fuerzas de seguridad del Estado, alegrándose del resultado de la algarabía, en el que han resultado heridos varios agentes de la autoridad, prolongan la irresponsabilidad iniciada por Pedro Sánchez.

En el informe más reciente de V-Dem (versión 15, marzo de 2025), España registra una ligera caída en su puntuación del Índice de Democracia Liberal, pasando de unos 0,747 a 0,742. Aunque su posición internacional se mantiene estable, hay retrocesos en componentes claves: la libertad de expresión y de prensa, la independencia judicial, la calidad deliberativa, la participación de la ciudadanía en la política, la polarización, la desinformación y las desigualdades en el acceso al discurso público. Según este estudio, España sigue siendo una democracia fuerte en términos comparativos, pero manifiesta señales claras de desgaste en sus dimensiones liberal, deliberativa y participativa.

Si tomamos como referencia los criterios que utiliza el V-Dem Institute para evaluar la calidad democrática de los países, los sucesos acaecidos en la Vuelta Ciclista a España seguirán restando entre aquellos analistas que miren y vean más allá de la empatía con el pueblo palestino (Hamás aparte). Una empatía que a buen seguro compartían los miles de aficionados al ciclismo que fueron privados del final de la Vuelta por unos cientos de manifestantes.

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