La arquitectura social del mundo cambia. Fotografía de Nardo Villaboy.

La arquitectura social del mundo cambia. Fotografía de Nardo Villaboy.

A la velocidad que circulan las relaciones comunicativas, lo que hoy no es presente no tiene futuro. En el sector de la comunicación no deberíamos hablar de lo que intuimos que está por venir, sino de cómo propiciar el diálogo para corregir las incomunicaciones del mundo actual. Confusión, ruido, egoísmo y superficialidad son rasgos de un tiempo que amenaza con dejar una huella moral difícil de borrar. Los comunicadores tenemos que elegir entre dejarnos llevar por el torrente narrativo o contribuir a la gobernabilidad de una balsa social cuyos ocupantes no siempre reman en la misma dirección.

La Humanidad se encuentra inmersa en dos grandes transiciones: la crisis de certezas y el resquebrajamiento de la estructura piramidal en el ejercicio del poder.

La primera tiene que ver en primer lugar con el avance de la ciencia, que ha dado respuesta a muchos de los misterios de la creación. También es consecuencia de la sobre-cobertura de las necesidades básicas en un amplio segmento de la población que ya puede prescindir de mirar al cielo para proveerse de esperanza. Al avance del laicismo se suma el ocaso de las grandes ideologías con la excepción del liberalismo, proceso bautizado por Francis Fukuyama como “el fin de la historia”.

La escasez de referencias refuerza el individualismo y deja la creación de modelos de conducta en manos de agentes sociales que no tienen por qué aceptar tal responsabilidad. Es el caso de los medios de comunicación, entre los que destaca la televisión generalista, que hace tiempo que abandonó el segundo mandato del periodismo, a menudo también el primero, para concentrarse en el tercero: entretener.

En ausencia de certezas y referencias avanzan las incertidumbres, azote de una sociedad que Zygmunt Bauman considera “líquida” por su déficit de compromiso. El carpe diem triunfa sobre las perspectivas solidarias y las visiones compartidas. La comunidad se concibe más como un viaje colectivo que como un espacio para germinar ideas que mejoren la vida en común. La conveniencia antes que la convivencia.

La segunda transición es muy perceptible y, sin embargo, apenas provoca algunos vértigos en las estructuras del poder. Esa realidad vertical, fuertemente jerarquizada y aún hoy hegemónica, en la que el poder es piramidal y se ejerce en cascada, convive con una nueva realidad eminentemente digital, construida desde abajo, informal y difícil de aprehender. Esta nueva realidad de curso transversal suscita el miedo en algunos dirigentes que han nacido, crecido y envejecido a la sombra de los medios de comunicación convencionales, sobre todo de los periódicos de papel, cuya influencia declina en tanto transforman su modelo de negocio sumergiéndose en una Red de redes.

Los profesionales de la comunicación nos encontramos ante la mayor oportunidad de nuestro joven oficio. Podemos participar activamente en ambas transiciones, incluso ejercer el liderazgo como gestores de información, diálogo y comprensión. Como sostiene el profesor Rafael Alberto Pérez, autor de la nueva teoría estratégica, “la comunicación no es estratégica, sino que es la estrategia”. Los comunicadores podemos reforzar las certezas y facilitar la comprensión entre dos realidades que no son excluyentes.

Nunca hemos estado tan cerca del liderazgo social, que habremos de ejercer con responsabilidad, valores humanos, generosidad y visión de un futuro que se funde con el presente.

 

Artículo publicado en el libro “La comunicación en las organizaciones: cien autores en 500 palabras”, editado con motivo del 40 aniversario de la Asociación Mexicana de Comunicadores (AMCO).

 

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